Un día de boda

Ayer estuve en una boda, yo iba relajada, dispuesta a pasarlo bien (y así fue), pero durante la celebración y posterior banquete se sucediaron una serie de acontecimientos que me parece oportuno y apetece compartir.

Lo primero de todo fue elegir el atuendo para la ocasión, estuve dudando un rato: “este vestido, este otro, me pongo tacones, no me pongo“, lo cierto es que no me gustan los tacones, tengo los pies sensibles y casi cualquier zapato me hace daño pero además, los tacones son incómodos en sí mismos y a los diez minutos de ponérmelos ya no aguanto en pie, así que, tras unos minutos de duda decidí no ponerme tacones, ¿para qué? Sin embargo, algo me decía que iba a ser una de las pocas  que no llevara tacones, y no me equivoqué. Al llegar, pude comprobar cómo todas las mujeres invitadas a la ceremonia iban como muñequitas, con su vestidito, sus zapatitos de tacón y todos los hombres (o casi todos) iban bien arreglados, con su traje, zapatos y corbata oprimiendo sus cuellos.

Luego vino la entrada a la Iglesia, la misa, frases como “es que claro, hay algunos que se van a vivir juntos y se acostumbran y… ¡y ya no se casan!” o “ahora os unís en una sola carne“, ¿ahora sí podemos no? ¡Gracias! ¡Ya no aguantábamos! Mi novio pensaba que iba a salir horrorizada de la misa, pero donde verdaderamente me horroricé fue con dos detalles que tuvieron lugar en el banquete.

Veréis, yo estaba relajada, comiendo todo lo que venía y se iba y más y de repente tuve la ocurrencia o necesidad de acudir al servicio. Me levanté y caminé con paso decidido hacia las cortinas que separaban el salón de los servicios y atravesé el umbral perdida en mis pensamientos cuando me topé con un grupo de mujeres que me miraron cual depredador a su presa y me preguntaron: “¿Quieres que te retoquemos el maquillaje?” ¡Vaya! ¡Qué detalle! Educamente les dije que no, me sentía bien con mi aparencia, pero ellas debieron de verme horrorosamente mal porque me replicaron: “ui tú vas muy natural, no te has maquillado casi nada, ¿de verdad que no quieres que te retoquemos un poco?” En ese momento me miré asustada al espejo, a ver si se me había caído un trozo de mejilla o algo, pero no, todo seguía en su sitio, las miré y educadamente les volví a decir que no, les di las gracias y me fui a hacer pis, mi propósito inicial. Al volver le pregunté a mi novio si se había retocado el maquillaje, pero debieron pensar que él iba muy bien porque ni si quiera le preguntaron.

Uno mismobgEl otro incidente del que hablo tuvo lugar un poco más adelante. Ya estaba finalizando la cena y en ese momento una mujer pasaba por las mesas entregando lo que parecían ser obsequios para los invitados. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando se acercó a nuestra mesa y les entregó a todos los HOMBRES un puro! Sí, un puro, ¿y a mí que me dieron? Un bonito broche para el vestido. Después los hombres se retiraron con sus puros a un reservado a hablar de negocios mientras las mujeres permanecimos en la sala cotilleando y hablado sobre asuntos banales. No, en realidad no.

Lo cierto es que lo pase muy bien y le desde aquí les deseo lo mejor a lxs recién casadxs. Ya que estoy diré otra cosa que me perturba, ¿por qué cuando una pareja no está casada se dice que están solteros y cuando se casan se grita “vivan los novios”?

¡Feliz Santo Domingo de amor y placer a todxs!

Imagen: Oso con alas

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