Hazte el amor

Jamás podría sentirme bien conmigo misma. Jamás me dejarían amar mi cuerpo, por muchas dietas que hiciera, por mucho chocolate que dejara de comer, por muchos kilómetros que corriera, siempre me vería mal. Siempre me vería mal porque siempre me faltaría o me sobaría algo: un poco de muslo, un poco de pecho, un poco de tripa… Y cuando creyera estar perfecta y haberlo conseguido, saldría otra cosa más.

Así que lo dejé todo. Dejé de preocuparme por la báscula y no me volví a pesar. “¿Cuánto pesas?”, pregunta la doctora, “no lo sé”, respondo yo. Dejé de preocuparme y comencé a quererme. Me puse frente al espejo y  halagué a mis muslos, a mi tripa, mis brazos, mi pechos, mis nalgas… Halagué cada parte de mi cuerpo y besé todas las que llegaba a besar.

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Jamás nos dejarán sentirnos bien con nosotras mismas, eso no da dinero. La felicidad no da dinero, el deseo de querer más sí. Por eso las medias se rompen a la semana de comprarlas, por eso las bombillas se funden y por eso “las neveras antes duraban toda la vida”. Por eso también es necesario que nuestros cuerpos caduquen con el tiempo, que la imagen que hoy nos gusta mañana sea insuficiente y que vivamos persiguiendo un ideal que jamás alcanzaremos pero que asegurará los ingresos.

Por eso, propongo que aprendamos a querernos y amarmos como somos. Propongo que el tiempo que pasamos preocupándonos por nuestros cuerpos lo pasemos alabándonos, amándonos, haciéndonos el amor.

Fotografía: Raquel Quiroga

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