¡Ay! Se me escapa el feminismo

Como feminista te pasas el día diciendo que “todos los cuerpos son igual de bonitos”, que “viva el amor libre”, “abajo el amor romántico”… y mil frasecitas que suenan de maravila, pero luego… ¡Ay, amiga! Luego no es tan sencillo.

Después te descubres a ti misma escudriñando cada rincón de tu Rakel Kiroga2cuerpo en busca de nuevas imperfecciones, te pasas las mañanas probándote el armario entero —aunque ya sabes cómo te queda todo y con todo te ves igual: mal— y te vas corriendo a coger el autobús porque a tus ojos, cuerpo o cerebro se les ha ocurrido que esa mañana te vas a sentir amorfa y horrenda, y has malgastado tu tiempo de desayuno saludable —rico en proteínas y vitaminas— en cambiarte de ropa para acabar saliendo con lo primero que te pusiste.

Después de la ropa llega el pelo. Ese pelo encrespado/lacio/rizado/rubio/moreno que te trae por la calle de la amargura. Y te dices a ti misma. “jope, ¿tan superficial soy? Yo que me creía liberada, una mujer del S.XXI, feminista, empoderada y estoy aquí, malgastando mi tiempo atada a una plancha que me quema y rompe el pelo. Y entonces te dices a ti misma: “me voy a acabar rapando, ¡lo prometo””, pero no lo haces. No lo haces porque piensas que te verías más horrible aún si cabe, y en el fondo sueñas con que un día te levantarás de la cama y te verás como todas esas mujeres que salen tan felices anunciando tintes y champús, pero ese día nunca llega, al menos no de esa forma.

Luego sales a tomar algo con unxs amigxs y empiezan a salir conversaciones en las que no te sientes a gusto, bromas y chistes que no compartes y que todo el mundo ríe, estereotipos que intentas destruir. Pero cómo eres un animal social y como animal social buscas no sentirte aislada, te callas. Haces de tripas corazón y entras en una espiral de silencio que diría Noelle-Neumann, porque quieres, al menos, por una noche, sentirte aceptada y no ser el bicho raro que siempre sale por el mismo lado.

RakelKiroga2Y claro, como antes de feminsita eres animal y después ser humano, o viceversa, o cómo sea el orden que para el caso importa poco, un buen día conoces a un tipo/tipa y te mola, sí, te gusta, te “hace tilín”, te entran “mariposas” en el estómago, te “pillas”, te enamoras, y te pasas el día, una vez más, frente al espejo intentando adecentarte para gustarle/a, sintiendo celos cada vez que mira a alguien que no eres tú, y entonces, te cagas, tal cual, en el mito del amor romántico, en cupido y en todas las viñetas que dicen todas esas cosas tan bonitas del estilo: “lo importante es que te quieras a ti misma”, “tú eres lo más importante”, “no necesitas a ningún tío para ser feliz”.

Y después de todo, sales a la calle con la cabeza bien alta, dejando tras de ti una cama llena de ropa, la plancha ardiendo en el lavabo y cuatro notas mal escritas en un cuaderno sincerándote con aquel tipo/a al que nunca te atreverás a decirle lo que sientes. Y sales y debates con tus compañerxs, y proclamas que todos los cuerpos son igual de bonitos, y compartes en Facebook ciento y una viñetas preciosas que hablan de lo guay que es no depender de nadie, ser independiente y libre.

La teoría feminista está genial, todas esas ideas y reflexiones nos ayudan a caminar, a deconstruirnos poquito a poco, pero, ¿cómo lo llevas a la práctica? Y no hablo de proclamar igualdad, ir a manifestaciones por el derecho a decidir o concienciar a tu grupo de amigxs, no, hablo de esa parte más personal que afecta a tu relación contigo misma y con cómo te relacionas con el mundo, hablo de las entrañas, de lo que sientes en ese punto del estómago que llega a doler, de todas esas sensaciones contradictorias que se adueñan de ti y de las que no sabes cómo liberarte. De las ganas de vomitar.

Cómo haces para “aplicarte el cuento”, para llevar a la práctica lo que proclamas, para sentirlo de verdad. Cómo haces para levantarte por la mañana y que te dé igual. Cómo haces para no poner una sonrisa cuando lo que quieres es gritar. Lamentablemente no tengo la respuesta, este post no va acompañado de una bonita reflexión llena de esperanza. Me ecuentro, como muchxs os encontraréis, en ese punto de no saber.

Maldito patriarcado, qué bien lo has hecho.

Imágenes: Rakel Kiroga

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